domingo, 3 de marzo de 2013

Gerardo Balsa: entrevista


"A la historieta hay que amarla"

Radicado en Barcelona, el rosarino Gerardo Balsa dibuja historietas que publica en Francia, Bélgica y Suiza. La historieta histórica y la atención a la documentación. “Dibujar fue mi sueño desde chico y ahora es realidad” dice a Rosario/12.

Por Leandro Arteaga

Aviones, submarinos, con una puesta en escena de precisión histórica, en el marco de un género que Francia cultiva de manera tradicional en sus historietas. El artista a cargo es Gerardo Balsa (1973), rosarino devenido español, quien tras casarse en Barcelona y dispuesto a vivir allí, tuvo la idea pertinente de lograr en el mercado europeo lo que sabe y siempre quiso: dibujar historietas.
“En el 2008 me fui a buscar a mi mujer que vivía en Barcelona para casarnos. Tenía que buscarme un medio de vida; su apoyo afectivo, la llegada de mi hijo, hacían que no me dispersara. Por eso le dedico todos los libros a ella, porque fue un motor muy grande” comenta el dibujante a Rosario/12. “En algún momento tuve muy en claro que iba a coincidir mejor con la historieta franco-belga que con la norteamericana; estudié francés, y comencé a buscar un acercamiento con guionistas y editoriales franceses. Tomaba el tren a Angoulême y me iba a poner la cara, el dibujo, el cuerpo, con la carpetita bajo el brazo y en otro idioma. Tuve que pasar varias instancias, muchos me rechazaron, otro me dejó colgado con muchas páginas hechas. Por eso, el que se dedica a la historieta la tiene que amar, porque puede ser muy ingrata. Ahora tengo la suerte de tener una serie. Oscar Zárate me decía que uno cuando dibuja, si el editor le paga, compra tiempo para seguir dibujando. Y puedo decir que es muy lindo, porque fue mi sueño desde chico y ahora es realidad.”
Entre su trabajo previo, en Balsa destaca La nuit des paras, que transcurre durante la noche del Día-D, cuando paracaidistas ingleses se arrojan sobre Francia: “Está todo documentado, todos los paisajes que se ven son reales; el guionista -Philippe Zytka-, que es de Normandía, hizo el tour correspondiente, sacó fotos, iba por cada rincón haciendo reportajes sobre los paracaidistas que habían caído esa noche”, comenta Balsa. La serie que ahora le mantiene ocupado, que ya conoce tres álbumes y espera un cuarto, es U-47, sigla que identifica al submarino alemán Unterseeboot 47, también en plena Segunda Guerra Mundial y con guiones de Mark Jennison. “Compartimos documentación, y eso es muy importante, porque ahora con Internet ponés ‘torpedo G7A’ y salen 200 fotos, y a los lectores les gusta mucho la documentación, lo que es casi una marca de fábrica de la historieta histórica francesa, uno tiene que estar muy atento. Cuidamos mucho la inmersión del lector en la época y en el lugar, y en base a ello construimos una atmósfera, en este caso desde el trabajo del colorista (Nicolas Caniaux), que es muy bueno.”

Es un género curioso, si bien el cine lo trabaja mucho.
-Es muy tradicional y sólido en Francia, con tipos que se especializan en ciertas épocas, como el siglo XVIII, la época napoleónica, etc. El editor (Zephyr Éditions) contó con que había muchos fanas de los submarinos y decidió incorporar al libro un dossier. Ahora está publicando la historieta con el dossier, el dossier solo, y la historieta sola, porque parece que caminan bien las tres cosas.

¿Sólo en Francia?
-Cuando sale en Francia también sale en Bélgica, Suiza y Quebec. Está la posibilidad de que se publique en España y cruzo los dedos para que alguna de estas ediciones españolas llegue a Argentina, lo que me haría muy feliz.

Las máquinas que dibujás son una belleza. ¿Tenés un gusto particular por este tipo de dibujo?
-Sí, me gusta, pero también me encontré “empujado” por el vaivén de las cosas hacia ese lado. Siempre me gustó el género de aventura, el bélico, el policial. Durante estos años, España me ha aportado mucho a mi cultura como lector, a través de las bibliotecas públicas, donde encontré muchas cosas valiosas. En Francia, por ejemplo, todas las librerías tienen su anaquel o sección de bande dessinée (NdR: como se conoce a la historieta en Francia), es una alegría ver que la historieta allí es una industria, y que esa industria da la oportunidad a gente de muy diferentes estilos, no hay un mainstream que lo come todo. Si bien el contacto con el público es siempre limitado, uno puede ir a los festivales o a las convenciones. En un festival de Bruselas me traían álbumes para firmar y yo les ponía a todos “gracias”, no podía creerlo. Lo que me alegró mucho en Bruselas es que el público es variado, muy popular, de toda edad, familias, jubilados; es decir, la historieta no es para un grupito ni una élite. En las convenciones españolas veo ahora una cosa más especializada.

Una realidad muy diferente a la que vive la historieta en Argentina.
-En Francia hay contención desde lo institucional: las universidades, el estado, las empresas privadas también. El ferrocarril que auspiciaba el Festival de Angoulême ponía en las salas de espera de las estaciones álbumes –atados con una cadenita- que podías hojear y leer. Hay un reconocimiento de la tarea. Acá, por ejemplo, la historieta no tiene nada que hacer en la universidad, mientras que allá hay becas, cursos. Los belgas tienen una industria impresionante, mezclan dibujantes franceses con guionistas belgas, y el apoyo que tiene la historieta es importante: hay escuelas, maestros, hay un marco que te va a contener. En Francia es una política de estado ocuparse de esto, cuidan a sus artistas, también porque es una industria.

La última gran figura editorial fue Columba.
-La que más se mantuvo, criticada por todos, pero todos la leímos. Yo iba de un primo de mi viejo que las compraba semanalmente y que tenía pilas de revistas; yo iba fascinado, entraba a otro mundo. Cuando uno es chico, adolescente, uno da lo mejor de sí como lector, se engancha, se fascina, y las limitaciones técnicas no se ven.

Algo de ese gusto por los géneros debe estar también en tus trabajos.
-Siempre aparece el género de una manera clásica, al que tenés que pasar por un filtro. En el caso de U-47 se adopta la óptica de los alemanes, algo que inauguró la película El barco, de Wolfgang Petersen. Ahora estoy terminando el Libro 4; la serie se prolongará en función de la respuesta económica, si bien el editor le tiene paciencia a las series, porque no significa que al salir a la venta una serie ya funcione, sino que tiene que horadar en el gusto del público. Por suerte, U-47 ya tiene segundas ediciones.

¿En qué consistió tu participación en el colectivo Emergency?
-Es un álbum dedicado a historias reales sobre accidentes aéreos, a mí me tocó una historia corta sobre el accidente que tuvo Glenn Miller. Hay una versión que dio un ex-navegante de avión inglés, sobre un grupo de bombarderos que volvía sin haber podido bombardear el blanco, y que soltó toda la carga de bombas en un lugar predeterminado. El avión en el que iba Glenn Miller a París estaba justamente en esa zona, y parece que ese gran bombardeo afectó el avión y lo derribó con las ondas expansivas. Es un relato en paralelo, a partir de un personaje que va al cine a ver Música y lágrimas, la película sobre Glenn Miller, y la relacionaba con lo que él sabía.

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